Piso clásico de Tetuán con parquet en espiga, colección de trofeos de caza en entrada y salón, cuarto de bebé con papel pintado de ciervos y cocina de galera
Detalles del espacio:
En el momento en que se abre la puerta de la entrada, antes de que la cámara recorra el resto del piso, ya hay suficiente para leer al personaje que vive aquí: tres cornamentas de ciervo montadas sobre escudos de madera oscura en la pared de la entrada, una impresión enmarcada de un ciervo sobre el mueble negro, y al fondo del pasillo el salón, donde aparecen dos trofeos más. Esta colección de piezas cinegéticas —real, no decorativa en el sentido convencional— convive con muebles de catálogo nórdico, plantas tropicales, flores secas en tonos tierra y un papel pintado de ciervos en el cuarto del bebé que cierra el círculo de manera inesperada. Es un piso con un mundo interior propio, muy concreto, difícil de construir en un set.
El suelo de parquet en espiga recorre todo el piso —salón, dormitorios, pasillo— y es el elemento arquitectónico que ancla todo el conjunto. Las molduras originales del techo están bien conservadas. La estatura del edificio, la proporción de los vanos, los marcos de madera pintados en blanco de las puertas: todo habla de un bloque de los años sesenta de Tetuán en el que nadie ha tocado lo que no había que tocar.
El salón es amplio para tratarse de un piso de barrio. Un sofá gris claro en ele con chaiselongue ocupa el lado izquierdo, con mesas de centro y lateral negras con estructura metálica. La alfombra de yute da temperatura al suelo. El mueble de TV oscuro está densamente decorado con figuras de animales en bronce y resina, flores secas, una linterna de exterior de metal negro. Una lámpara colgante de ratán de gran diámetro preside la zona de comedor, donde una mesa rectangular negra y sillas metálicas tipo bistró funcionan también como zona de trabajo. En la pared, un cuadro abstracto de gran formato en tonos arena y cobre. La luz entra directa desde la calle por ventanas grandes con cortinas de lino gris.
La cocina es independiente, tipo galera —alargada, con dos frentes y ventana al fondo. Los muebles son blancos, el azulejo es blanco, los electrodomésticos son blancos. En el extremo, una pequeña mesa plegable de madera oscura con dos sillas de ratán verde es el único elemento de color en ese espacio. Es el tipo de cocina de piso clásico madrileño que en ficción indica un nivel socioeconómico medio y una vida cotidiana sin pretensiones decorativas.
El cuarto de bebé es el espacio más fotogénico del piso después del salón. El papel pintado de ciervos y bosque en gris perla sobre fondo crema cubre toda la pared de la cama, y el tema cinegético que recorre el piso llega aquí en su versión más suave e infantil. La cuna blanca, el sillón de lactancia en lino beige, el suelo de moqueta de flores pequeñas y la ventana con estor translúcido completan una habitación que en pantalla funciona igual para una historia de vida familiar que para una campaña de publicidad de productos infantiles.
El dormitorio principal tiene el mismo parquet en espiga, cama de matrimonio con ropa blanca, cómoda negra de cajones, lampara de ratán y molduras en el techo. El tercer dormitorio es más pequeño, con cama individual, cómoda negra y alfombra de rayas blancas y negras.
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