Cortijo regionalista sevillano con jardines especiales, caballerizas, ermita y piscina a 25 km de Sevilla
Detalles del espacio:
Hay muy pocas propiedades en España donde la firma arquitectónica tiene peso suficiente para ser el primer argumento de una producción. El Cortijo La Caprichosa, en Gerena, a 25 kilómetros de Sevilla, es una de ellas. Proyectado en 1929 por Aníbal González —el mismo arquitecto que diseñó la Plaza de España, el Pabellón Mudéjar, el Pabellón Real y el Museo Arqueológico de Sevilla— el cortijo es una pieza del regionalismo andaluz de primera generación, construida con la misma gramática que sus obras capitales pero en clave de recreo privado: blanco rotundo, galería porticada con arcos de medio punto en planta baja, balcones de forja, molduras en ocre, torre mirador cuadrada con ventanas geminadas y teja árabe con cenefas de azulejo azul cobalto. La portada de entrada es un compendio de ese lenguaje: arco de ladrillo visto con remates cerámicos y verja de forja con escudo heráldico, exactamente el tipo de imagen que aparece en los libros de arquitectura sevillana de entreguerras. No es una referencia: es el original.
La intervención reciente de PRP Arquitectos, con la ordenación paisajística de Fernando Caruncho, ha añadido al conjunto tres piezas nuevas que amplían su potencial audiovisual de manera significativa sin romper el lenguaje de Aníbal González: un pabellón-museo de carruajes, una ermita de nueva construcción y una plaza de doma y tentadero integrada en la topografía de una vaguada natural. Las tres piezas siguen el regionalismo andaluz de la finca original, lo que hace que el conjunto luzca como un todo coherente de época.
Los jardines de Fernando Caruncho merecen atención especial. El jardín de setos es el más cinematográfico del conjunto: un estanque circular rodeado de altos muros de boj recortado geométricamente, palmeras datileras asomando por encima, un espacio que la cámara no puede ignorar. El patio de honor con naranjos, fuente escultórica de bronce con figura ecuestre y pavimento de ladrillo es el corazón de la vida sevillana trasladado a la finca privada. El jardín de rosas añade intimidad y color —naranja, rojo, fucsia— en un patio de cortijo clásico con suelo de ladrillo y farola de hierro forjado. Tres jardines de tres registros completamente distintos, todos en la misma propiedad.
La zona de piscina es el espacio de mayor escala exterior: piscina larga rectangular con terraza de ladrillo, zona chill-out de sofás bajos blancos y madera, palmeras en alineación y, al fondo, la ermita blanca con su espadaña. La foto de atardecer desde la chill-out —con la ermita, el horizonte del Aljarafe y la paleta dorada de la sierra sevillana— es directamente una imagen de campaña sin trabajo adicional de posproducción. La foto nocturna del mismo espacio con el pabellón de la piscina iluminado y una fiesta en curso confirma que el conjunto trabaja igual de bien de día que de noche.
Las caballerizas son uno de los espacios más singulares de la finca. Un patio cuadrangular de escala considerable con arcos de herradura, teja árabe, cenefas de azulejo azul y blanco, y fuente octogonal central de ladrillo —un espacio que reproduce la arquitectura de las mejores caballerizas reales andaluzas en una propiedad privada. La finca alberga actualmente cría de caballos en activo, lo que añade una narrativa de uso real a cualquier producción documental o de ficción que quiera rodar en ese contexto.
La ermita —de nueva construcción por PRP Arquitectos siguiendo el lenguaje de la finca— es blanca, de espadaña y campana, puerta de madera, con olivo centenario y elementos de piedra escultóricos en el jardín que la rodea. Pequeña, limpia, poderosa en su sencillez. El tentadero y la plaza de doma, integrados en la vaguada con graderío semioculto y edificio de presidencia con arcos de medio punto, añaden un escenario ecuestre de primera categoría —uno de los pocos en España de esta escala y esta calidad arquitectónica disponibles para producción.
La vista desde el jardín alto hacia el cortijo —con los jardines de Caruncho en primer plano, la piscina a media distancia, el cortijo blanco con su torre al fondo y el horizonte de la campiña y el Aljarafe más allá— es la imagen que resume la finca: una propiedad sevillana de primera magnitud, de autor, en un entorno natural de calidad, a media hora de una ciudad con aeropuerto internacional.
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