Casa de campo vintage con terraza sobre pantano y vistas espectaculares a hoces y acantilados
Detalles del espacio:
Pocas localizaciones en España tienen lo que tiene esta propiedad: una terraza curva sobre un pantano encajado entre hoces de roca caliza, con vistas directas al agua y a los acantilados que lo enmarcan. No es una vista genérica de naturaleza. Es un paisaje de película —literalmente— con escala, profundidad y silencio.
La casa se accede por un camino de tierra entre pinos y vegetación densa que termina abruptamente ante una fachada blanca sencilla, de línea brutalista tardía. La arquitectura no compite con el entorno: se subordina a él. Desde fuera no se adivina lo que hay dentro ni lo que hay detrás. Esa sorpresa —el camino de tierra, la fachada anónima y luego el pantano abierto— es en sí misma una secuencia narrativa.
El exterior trasero es el gran activo. Una terraza curva de barro cocido rojo con murete de piedra natural desgastada, baranda de tubería metálica pintada en rojo óxido y una hilera de geranios en macetas de barro sobre el pretil —sencillo, doméstico, rotundamente español de los años 70-80. Desde esta terraza la vista al pantano y a los farallones verticales de roca al fondo es de una potencia visual que no necesita ningún añadido. Es el tipo de encuadre que los directores de fotografía buscan y no siempre encuentran. El jardín lateral, en ligera pendiente y rodeado de pinos altos, tiene mobiliario de mimbre y hamacas de rayas azules y blancas dispuestas en la sombra —un plano de verano tranquilo, atemporal y absolutamente rodable.
Los accesos a diferentes niveles de la finca están resueltos con una escalera exterior de piedra natural tallada en bruto, con musgo y hiedra entre las juntas y baranda de hierro pintado rojo. Es uno de los detalles más cinematográficos del conjunto: esa escalera podría pertenecer a una película de suspense mediterráneo, un drama rural o una producción de época sin intervención alguna.
El interior tiene exactamente lo que sugiere el exterior: una casa de campo de uso familiar detenida en el tiempo. Suelo de barro cocido rojo en grandes piezas, carpintería de madera en color miel, habitaciones con cortinas de motivos verdes, edredones a cuadros, mobiliario de los años 70-80 —mesitas de noche de línea simple, armarios de madera veteada. Todo está habitado, conservado y sin pretensiones. La habitación principal tiene ventana con vistas directas al pantano —a través del cristal, el agua y los farallones se ven mientras uno está en la cama. La chimenea de leña tipo estufa negra visible desde el salón contiguo remata el conjunto interior.
La fachada lateral —blanca, con arcos semicirculares que enmarcan garajes o trasteros, ligeramente envejecida por la intemperie, entre pinos— tiene una escala y una arquitectura que recuerda a construcciones de organismos públicos españoles de los años 60-70, perfecta para ambientaciones de aquella época.
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