Piso familiar reformado con salón-comedor abierto, librería empotrada y dormitorio principal con papel pintado a rayas
Detalles del espacio:
Un apartamento de planta generosa en un edificio clásico de ladrillo visto, reformado con criterio y habitado con personalidad. El espacio transmite una calidez doméstica real y contemporánea —ese equilibrio entre lo funcional y lo estético que las producciones buscan cuando necesitan un hogar creíble para clase media cultivada en una gran ciudad.
El salón y el comedor comparten una única estancia diáfana que se extiende desde la zona de estar hasta la zona de mesa, conectadas visualmente sin separación física. El suelo es de parqué de madera clara en espiga, con terminaciones en molduras perimetrales que delatan la construcción de los años 60 o 70 del edificio. Las paredes son blancas y lisas, con techos de altura generosa para tratarse de un piso entre medianeras. La iluminación natural entra por ventanas de doble hoja orientadas a la calle, con persianas de lamas, creando una luz difusa y limpia durante el día. En la zona de estar, dos sofás grises de perfil bajo enmarcan una mesa de centro de cristal con estructura dorada; en la pared de fondo, una gran pintura al óleo de flores en rojo y verde aporta el único acento de color intenso en el espacio. La zona de comedor se organiza con una mesa rectangular de cristal y estructura negra, rodeada de sillas tapizadas en terciopelo verde oscuro y mostaza, con una araña de bolas de cristal dorado que cuelga sobre el centro de la mesa. A la derecha, una librería empotrada de obra pintada en blanco, bien provista de libros y objetos decorativos, y un aparador bajo en el mismo tono. La transición entre salón y comedor se percibe desde varios ángulos distintos gracias a la planta abierta, lo que ofrece múltiples opciones de encuadre para cámara.
El distribuidor conecta las zonas de día con las de noche a través de un pasillo de paredes blancas con suelo de madera, y desemboca en una entrada compacta pero bien resuelta: suelo de microcemento gris, consola de metal negro, un espejo redondo de mimbre en la pared y un puf en terracota como único elemento de color. La puerta de entrada es lisa y blanca, sin referencias visuales que ubiquen geográficamente el espacio.
El dormitorio principal tiene entidad propia. La cabecera está resuelta con papel pintado de rayas verticales en tono beige cálido que cubre la pared entera de suelo a techo; la cama, de tamaño matrimonial con respaldo tapizado en forma de arco, se acompaña de mesitas bajas y un banco al pie. Un cuadro con motivo gráfico en blanco y negro cuelga en la pared lateral. El suelo es el mismo parqué de espiga que en el salón, y la ventana —con persiana de lamas y radiador clásico bajo ella— da a la calle. Un ventilador de techo de madera remata el conjunto. Hay dos habitaciones adicionales: una convertida en habitación de estudio/descanso con cama nido blanca, escritorio de cristal y paredes gris azulado, y una habitación infantil actualmente en uso con cunas blancas, mueble cambiador y papel pintado con motivos de animales tropicales en colores pastel —fácilmente reemplazable para producción.
La cocina es funcional y compacta, con muebles en melamina madera y blanco, encimera clara, electrodomésticos de acero integrados y suelo vinílico de tarima. El baño disponible en imágenes es de pequeño formato: mueble suspendido en madera, plato de ducha con mampara y revestimiento de micromosaico multicolor en la zona de ducha —un detalle de carácter que puede funcionar como fondo de escena.
El exterior del edificio, visible a través de las ventanas, muestra fachadas de ladrillo de los años 60-70 típicas del ensanche residencial madrileño, con pequeños balcones a la calle flanqueados por arbolado urbano.
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