Mansión de piedra en los Montes de Toledo con torre, galería porticada, jardines formales, viñedo y olivar a 1.300 metros de altitud
Detalles del espacio:
Hay propiedades que la cámara entiende antes de que nadie le explique nada. La foto aérea de El Sauceral lo dice todo: un edificio de piedra caliza de tres plantas con torre mirador de arcos geminados, galería porticada de arcos de medio punto en planta baja, tejado de teja árabe, chimeneas múltiples, muros de contención y terrazas escalonadas, jardines formales con estanque rectangular y fuentes, y al fondo —ocupando todo el horizonte— la sierra de los Montes de Toledo con sus laderas de encinar y sus cumbres peladas a 1.800 metros. No es una finca andaluza. No es una masía catalana. No es nada que se haya visto muchas veces en una localización española: es una mansión de piedra castellana de nueva construcción con lenguaje arquitectónico de pazo o palazzo rural, perfectamente integrada en uno de los paisajes naturales más salvajes y menos rodados de la meseta.
El edificio principal —de tres alturas con planta baja de galería porticada, primera planta noble con balcones y segunda planta en la torre— está construido íntegramente en piedra vista de la zona, con la presencia y el peso visual de un edificio histórico que no tiene los condicionantes de uso de un edificio histórico real. La torre cuadrada con ventanas geminadas de arco de medio punto remata el conjunto y es el elemento de identidad visual más inmediato desde cualquier ángulo de aproximación. Las chimeneas múltiples a distintas alturas del tejado confirman una distribución interior de varias salas con calefacción de leña —un detalle que en invierno, con niebla o nieve en la sierra al fondo, convierte el exterior en una imagen cinematográfica de primera magnitud.
Los jardines formales son obra de paisajismo cuidado: jardín geométrico con setos, estanque rectangular largo con fuente central, cipreses en alineación, terrazas de piedra escalonadas que salvan el desnivel natural del terreno. A la derecha del edificio, un pabellón de arcos que conecta el cuerpo principal con las dependencias auxiliares. El conjunto visto desde el aire tiene la composición de un villa italiana o un domaine francés trasladado a la meseta española —una combinación que en el catálogo de localizaciones españolas sencillamente no existe.
El entorno amplía el potencial audiovisual de manera inmediata. La finca, incluida en la Red Natura 2000 como Zona de Especial Conservación, se extiende entre 1.300 y 1.800 metros de altitud sobre las laderas de los Montes de Toledo, rodeada de encinar mediterráneo, con olivar y viñedo propios en producción activa. La altitud media y la orientación sur producen una luz singular —más limpia, más rasante, con cielos de mayor contraste que los de la meseta baja— que a ciertas horas del día y en determinadas estaciones convierte el entorno en un paisaje de gran pantalla sin intervención alguna.
La finca produce vino y aceite de oliva con marcas propias, lo que añade una narrativa productiva real —viñedo, olivar, bodega, lagares— a los espacios puramente residenciales y ornamentales.
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