Monasterio del siglo X rehabilitado con claustro renacentista, nave-salón de 8 metros de altura, biblioteca octogonal, spa con piscina interior y jardines en ladera
Detalles del espacio:
Hay localizaciones que la industria audiovisual lleva años buscando sin encontrar en España: un monasterio medieval auténtico, completamente restaurado, habitado y decorado con criterio de coleccionista, con espacios de rodaje de primera categoría en cada planta y un entorno natural que en otoño convierte la ladera de Palencia en una imagen de película sin necesidad de ningún artificio. El Monasterio de San Pelayo de Cerrato, en Cevico Navero, fundado en el año 934 y rehabilitado recientemente por la Fundación Grupo Siro, es esa localización.
Desde el aire el conjunto lo dice todo: un edificio de piedra caliza cubierto de hiedra de gran escala —edificio principal, claustro renacentista, iglesia románica con rosetón gótico— rodeado de jardines formales con cipreses, arboleda densa y una ladera que en otoño se incendia en ocres y dorados. La fotografía de exterior en temporada de otoño es directamente una imagen de producción de alta gama: el monasterio emergiendo del bosque con esa luz y esa paleta de color no necesita ningún trabajo adicional de posproducción.
El claustro renacentista es el espacio exterior principal. Arcos de medio punto en piedra caliza crema con decoración de rosetones en las enjutas, galería superior con columnas, jardín geométrico de boj recortado con pozo central de piedra. Un claustro de esa calidad arquitectónica y ese estado de conservación es infrecuente como localización libre —la mayor parte de los claustros de España de este nivel pertenecen a instituciones religiosas o públicas con acceso restringido. La galería interior del claustro añade bóvedas de crucería gótica con luz rasante entrando por los arcos, suelo de barro y una perspectiva de columnas que la cámara aprovecha de manera natural.
El interior del edificio tiene varios espacios de categoría excepcional. El más singular es la nave principal —la antigua iglesia del monasterio, reconvertida en salón sin perder un solo elemento estructural. Una nave de bóveda de cañón blanca de ocho o más metros de altura, con mezzanine de hierro y madera a media altura, araña de cuerdas trenzadas doradas colgando desde la clave, chimenea monumental de piedra labrada, sofás Chesterfield y sillones de tweed de cuadros, alfombras persas, cuadros religiosos de época y flores secas. Es el único espacio en España que combina esas proporciones, esa arquitectura y ese nivel de decoración en un mismo lugar habitable.
El salón con artesonado mudéjar es el segundo espacio de impacto visual inmediato: techo de madera tallada en estrella de gran complejidad y calidad —uno de los elementos más valiosos de la restauración, conservado de la fábrica original—, chimenea de mármol blanco, baúl lacado chino pintado, sofás, alfombras y objetos que mezclan lo medieval y lo contemporáneo sin fricciones. La biblioteca octogonal completa el trío de espacios únicos: sala de planta octogonal con techo de madera artesanado en linterna piramidal, estanterías iluminadas en todo el perímetro repletas de libros, sofás Chesterfield crema y mesas de hierro. Un espacio que muy pocas producciones internacionales han visto en España.
El salón-comedor principal —visible desde una mezzanine alta— tiene dos mesas largas de banquete con cristalería, sillas de época en mezcla de colores y materiales, suelo de barro rústico, chimenea de piedra, puertas talladas de época y cuadros religiosos de gran formato en marcos dorados. La escala es la de un comedor de palacio o abadía europea.
Las habitaciones mantienen el nivel de personalidad del conjunto. La fotografía disponible muestra la habitación botánica: pared entera cubierta de láminas enmarcadas de herbario académico, vigas de madera, biombo dorado japonés, baúl de viaje antiguo. El mismo cuidado se extiende al spa: piscina de nado cubierta de agua turquesa, columnas de piedra original del monasterio, suelo de travertino, chimenea de piedra con placa de corten oxidado, ficus en macetones blancos y luz natural entrando por grandes ventanales. Un spa en espacio monástico rehabilitado con esa calidad no existe en otra localización de España.
El entorno suma jardines formales con boj y cipreses, una construcción auxiliar en el jardín baja, y una ladera arbolada que rodea el conjunto en todas las estaciones. En otoño, la vista desde la carretera es de un nivel visual que ninguna producción de estudio podría construir.
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